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Mónadas intersubjetivas

Por Walter Hernández Universidad Francisco Marroquín 2007

Resumen: Mónadas intersubjetivas es un artículo que critica la ilusión que pueden llegar a tener algunos liberales, aunque bien intencionados, quienes quieren sustraerse de la estructura social llamada Estado y que frecuentemente confunden con gobierno. El aprecio que tienen por aquellas instituciones los miembros de la escuela austriaca, es un dato a tener en cuenta en el compromiso de realizar una CORRECCIÓN PÚBLICA (política)de las mismas, especialmente cuando se han corrompido.

Las unidades (mónadas) que socialmente llamamos individuos, están inmersos en una red de relaciones intermonádicas (intersubjetivas), en la cual se crean las relaciones que sostienen la estructura de la vida social. La idea de mónada, tomada de la teoría monista de los neoplatónicos, luego rescatada por Giordano Bruno y posteriormente por Leibniz en su Monadología, es un concepto que se aplica al estudio de las ciencias naturales como a la metafísica, que en el sentido de Leibniz tienen la característica de ser unidades indivisibles y cerradas en sí mismas e incomunicables unas con otras. Sin embargo, para explicar el orden social, los austriacos parten de la metodología compositiva o regresiva (ir a la última unidad o elemento que compone eso que llamamos sociedad: el individuo). Ahora bien, tal individuo, contrario a las mónadas leibnizianas, tiene la característica de ser abierto a las relaciones con los demás, descubriendo, en su mundo vital, que es una mónada intersubjetiva o abierta a los demás, y que muchos filósofos han denominado como animal social posibilitando, en sus actos individuales, un orden de cooperación o de intercambio de cualquier índole, ésta última acepción del concepto es una propuesta que hace Husserl en sus Meditaciones cartesianas. Las intenciones que motivan al agente social, llamado individuo, es un mundo de subjetividad del cual no podemos dar cuenta sino a través de sus acciones. Tales acciones están inmersas en un marco general (normativo) de reglas que él no ha construido, pero que sí conoce. Ahora bien, cuando hay una interferencia en tales normas del recto actuar por parte de mentes de unos individuos, se producen limitaciones en las acciones libres. De ello, nos ocuparemos en el análisis de un escrito de Hayek que data de 1939 y el cual lleva por título La libertad y el sistema económico.

I. Introducción

El trigo y la cizaña: Planning or not planning, that is the problem

La actividad económica no es un sector de la vida humana que pueda separarse del resto; es la administración de los medios con los cuales tratamos de alcanzar todos nuestros diferentes fines. Quien quiera que se haga cargo de estos medios, debe determinar cuáles fines van a servirse, qué valores van a tratarse más alto y cuáles más bajo, en suma en qué hombres debe creerse y apoyar. Y el hombre mismo se convierte en poco más que un medio para la realización de las ideas que deben guiar al dictador. (Hayek ,1939)


La corrección pública es un tipo de convivencia entre el trigo y la cizaña, no se peden cortar de un tajo, pues se cortaría a ambas. Hayek se pregunta ¿cómo corregir el equívoco de los experimentos intervencionistas de los mega-proyectos de la planificación central sin poner en peligro aquellas instituciones libres como la democracia, gracias a las cuales han tenido cabida? En su artículo (monografía o panfleto ) de 1939 titulado La libertad y el sistema económico, analiza este problema.

Según la Fundación para el Futuro de la Libertad, (FFF, por sus siglas en ingles) <<In his 1939 monograph, "Freedom and the Economic System," Hayek explained why socialism would mean not only economic chaos but political tyranny as well. If central planning were to be implemented, it would require the planning authority to impose a detailed and specific hierarchy of selected goals, with an equally detailed and specific determination of the use and allocation of all of the society's resources - including labor - to attain them. The plan could be successfully undertaken only if everyone in the society were subordinated and dedicated to the fulfillment of the plan. Any dissent from either the collective ends being pursued or the results from implementing the plan would threaten the enthusiasm and energy the state had to expect and would need from everyone. The thoughts and actions of all would have to be controlled and directed by the state, because a totalitarian plan would require a totalitarian state to ensure the total submission of all to its accomplishment>>.

El problema se debe a la confusión, en gran parte, de su general atracción al hecho de que la misma palabra "planeación" se aplica tanto para describir la aplicación de la razón a los problemas sociales. Sin embargo, hay una serie de diferencias entre la planeación económica en el sentido estricto del término y la aplicación de la razón a los problemas sociales en general.

II. Desvelando la falacia de los profetas.

<<La gran mayoría de los intelectuales socialistas de nuestro tiempo cree con sinceridad que son los verdaderos sostenedores de la gran tradición de la libertad intelectual y cultural, contraria al monstruo de un Leviatán autoritario>>.

La institución del Estado originalmente vio la luz con el sentido de corregir los abusos de los gobernantes, limitando su poder y como garante de la libertad. Sin embargo, Hayek lanza su pregunta al intelectual liberal.

¿Es un mero accidente el que la continua expansión de los poderes del Estado, que ellos han acogido como un instrumento para proporcionar mayor justicia, haya ocasionado en mucho países la desaparición de toda libertad personal y acabado con la justicia? ¿O no es quizás esta consecuencia el resultado, imprevisto pero inevitable, de esos mismos esfuerzos para hacer depender el destino del hombre menos de las fuerzas impersonales y quizás accidentales, y más del control humano consciente? (Hayek, 1939).

Mientras más crece el Leviatán, mayor es el riesgo de entregar la libertad. La explicación que nuestro autor pretende dar a este fenómeno que crece como la levadura, es a través del viejo método mengeriano; o sea, sobre el principio de que los actos intencionados (planificación central) crean consecuencias o estructuras no intencionadas: un resultado imprevisto pero inevitable. Sabemos de sobra que Hayek nos ha puesto en alerta ante los abusos del racionalismo, al punto de llegar a desconfiar en aquellas pretensiones de tipo ingenieril, las cuales se contraponen a aquellos esfuerzos de los cuales dependen el destino del hombre, o sea de las fuerzas impersonales, accidentales, que del control humano providencial.

Por ello, la primera tarea que realizan los auto denominados líderes, es la reforma de la educación formal, introduciendo programas y estrategias orientadas a convencer a los ciudadanos que son una masa orgánica que <<no saben>>, la virtud es conocimiento repetía constantemente Platón haciendo alusión a su maestro. Y quien más sabe es el ideólogo, por ello hay que hacer del filósofo un rey o del intelectual presidente de la república o gobierno.

En la reforma educativa se interesa quebrar las voluntades, decir que el individuo no existe, que más bien el yo es un mito del megarrelato de la modernidad, según los posmodernos, al cual habrá que desustancializar y colectivizar en otra ficción o mito llamado la sociedad. Sin embargo, para Hayek

No pocos de los líderes intelectuales más avanzados del socialismo han admitido en forma abierta que la persecución de sus fines no es posible sin una limitación severa de la libertad individual.

Hay que darles ideas a las personas para que orienten su opinión (pública) hacia una filiación de ideas oficiales. ¿Qué hay con eso? ¿Por qué nuestro autor se opone rotundamente a estas ideas guías? Debido a que es allí donde radica el peligro que acecha nuestra libertad y… de repente puede estar en nosotros mismos, en nuestras propias ambiciones y luchas. Por ejemplo, muchas personas están siendo arrastradas por su indignación acerca de la supresión de la libertad política e intelectual, terminan uniéndose a las fuerzas mismas que hacen inevitable la supresión final de su propia libertad. <<Esto significaría que muchos de los abogados más activos y sinceros de la libertad intelectual son, de hecho, sus peores enemigos>>.

III. Una caja de Pandora con regalos predecibles.

La dirección central de la actividad económica implica necesariamente la destrucción de la libertad y de las instituciones democráticas, o sea, la tendencia que hace posible la dictadura económica a la dictadura política. El resentimiento alimentado por el intelectual socialista de que hay que repartir los bienes a favor de los pobres, es una falacia para justificar la dirección en la economía, sin embargo es el inicio hacia el camino de una dictadura económica o planificada. Hayek advierte que esta dictadura es mucho más peligrosa de lo que la gente cree. De hecho es la puerta para que una vez establecido el control autoritario, no siempre sea posible limitarlo al campo económico.

No fueron accidentes históricos desafortunados, sino que una similitud de los métodos aplicados para alcanzar fines ideales, ideales que aprobaban casi todos los hombres de buena voluntad, tenían que producir consecuencias por completo imprevistas.

Se hará aquí un intento para destacar estas conexiones que pueden descubrirse entre la economía planeada y la dictadura.

El punto principal es muy simple: el planeador tiene que promover la idea de un código de valores para todos orientados hacia el argumento de que la planeación económica general se disemine, como necesaria para organizar la actividad económica, dentro de lineamientos más racionales y eficientes, presuponiendo un acuerdo mucho más completo sobre la importancia relativa de los diferentes fines sociales del que en realidad existe, y que, debe imponer a la gente el código detallado de valores.

¿Cuál es el argumento hayekiano para oponerse a esta intención del gobernante?

Debido a que la libertad personal y la dirección central de los asuntos económicos son irreconciliables. A usanza del método marxista, podríamos decir que es la madre de los conflictos (polemos dialéctico o lucha de contrarios) entre el gobernante y el gobernado. Ese conflicto lo ha creado el ingeniero social a través de un constructivismo legislativo que permita un marco racional de reglas generales y permanentes, a través de un mecanismo por medio del cual dirigir la producción y luego ¿la distribución de qué, pues ya no hay rentas que repartir? Para que eso sea posible, el legislador constructivista (positivista) tiene en la mira la eliminación del verdadero espíritu de las leyes, que tienen por mira principal evitar la incertidumbre, estableciendo principios que prevengan el engaño y el fraude. Dichas reglas no se establecen con el fin de beneficiar a unos y dañar a otros, estas reglas del derecho civil y criminal o penal, son generales no solo en el sentido de que se aplican por igual a todos, sino también en el de que los ayudan a conseguir sus varios fines individuales, de manera que a la larga todos tienen oportunidad de beneficiarse de su existencia. El sentido original de la ley es la de formalizar el derecho de propiedad individual.

¿En qué fallaron los argumentos de los liberales clásicos? Si por un lado a los primeros liberales le debemos la conquista de la libertad individual frente al abuso de poder de los gobernantes, descuidaron la tarea de crear un marco legal racional no positivista. Según Hayek, después de vindicar, basados en [por] razones utilitarias [en extremo individualistas ¿se olvidaron del aspecto social, del public choice?] al aplicar el mismo criterio de conveniencia social a las formas históricas específicas de la ley. Digamos que Hayek retoma la idea de ley que Bastiat desarrolló en 1848.

Por desgracia, sin embargo, muchos de los liberales del siglo XIX, después de haberse satisfecho a sí mismos con la justificación del principio general, cuya aceptación se habían negado, con razón, a admitir como un dictado del derecho natural, se sintieron del todo contentos al aceptar la formulación de la ley de entonces, como si aquella fuera la única concebible y natural. Un cierto dogmatismo a este respecto, que con frecuencia tenía la apariencia de una repugnancia a razonar estos problemas, condujo a un punto muerto prematuro esta clase de planeación.

Por ello, la advertencia de Hayek es a no ser indiferente a la acción política a través de una sana crítica de las instituciones públicas, en especial cuando aun se mantiene vigente el mito intervencionista del estado benefactor. Digamos que la propuesta de nuestro autor es que los liberales no tienen que dormirse en sus laureles con argumentos nominalistas, haciendo énfasis en primacía del individuo como la última unidad (marginal) que decide, haciendo caso omiso de las abstracciones, las clases o colectividades, llegando al extremo de decir que el estado es una ficción, cayendo en la ingenuidad positivista de que no existe por no ser aparente ante los sentidos. Bastaría con dar una hojeada al Orden sensorial, donde se argumenta que se trata de un orden mental que no necesariamente existe físicamente. En el orden sensorial hay entidades mentales que los filósofos griegos llamaron abstracciones universales, negar la existencia de ello es negar el mundo interno del orden subjetivo (sensorial en el sentido hayekiano).

Volviendo al tema de las decisiones, el individuo decide en el campo de un marco general, que por supuesto habita en ese mundo interno y que no existe en el orden físico pero que llega a influir o a restringir su acción, especialmente aquellas del orden del libre intercambio. Dejar de lado este aspecto es caer en el hechizo de un individualismo que se sustrae de las estructuras de las instituciones sociales. De hecho, son las estructuras de dichas instituciones, nacidas del espontáneo y libre intercambio, las que le permite actuar libremente, cuando dichas estructuras no son respetadas.

Un marco institucional dentro del cual se deja a los individuos las decisiones de lo que hay que hacer y cómo ganarse la vida (en última instancia cómo arreglárselas para sobrevivir). En otras palabras, podemos planear un sistema en el cual se da a la iniciativa individual el campo más amplio posible y la mejor oportunidad de obtener una coordinación efectiva del esfuerzo individual.

IV. Diáresis de un concepto: acosando la ambivalencia del término planeación.

Otro aspecto a revisar, es el concepto de planeación para despejar la niebla de confusión y ambigüedad que envuelve dicho término debido a que existe un gran peligro en que la vaguedad del mismo conduzca a argumentar con propósitos (entre el planificador y el planificado).

Incidentalmente, estas reflexiones pueden capacitarnos para obtener una distinción algo más clara entre el verdadero y el falso liberalismo.

Se puede "planear" aquella parte que cada persona debe representar en el proceso social de producción: qué es lo que hará y cómo lo hará lo decida el agente planeador, de ese individuo al que nos referimos hace poco.

[1] Planeación en un sentido, digamos natural, significa que la dirección de la producción se produce por la combinación libre (intercambio) del conocimiento de todos los participantes, con precios que trasmiten a cada uno la información que los ayuda a relacionar sus acciones con las de los otros.

[2] La planeación de los planeadores, de la dirección central, de acuerdo con una impronta social preconcebida, lo cual implica la idea de que algún grupo de individuos, o en último caso alguna mente individual, decide por la gente lo que ésta debe hacer en cada momento.

Por ello, confundir la distinción entre la planeación mediante la libertad (1) y la planeación por medio de la interferencia constante (2), constituye la diferencia entre la libertad y la servidumbre.

En tanto que la acción del estado se limite a suplementar ese funcionamiento satisfaciendo determinadas necesidades colectivas, o dando a todos la misma seguridad contra la violencia o las enfermedades infecciosas, deja al sistema de precios intacto en su esfera. Pero en cuanto el estado intenta corregir los resultados del mercado y controlar los precios y las cantidades a producir a fin de beneficiar a clases [¿?] o grupos determinados, será difícil detenerse a mitad del camino. No es necesario pasar revista a los argumentos económicos familiares que enseñan por qué el mero "intervencionismo".

V. Incompatibilidad epistemológica: organizando una utopía.

El mecanismo de precios, es para Hayek, es un fenómeno del cual se sabe que puede utilizar el conocimiento de todos, y lo más curioso es que es impersonal, una estructura del intercambio posibilitado por el orden espontáneo. Este chocaría con la segunda acepción del concepto planeación.

La planeación en este sentido [1] es la que ahora se usa en forma creciente cuando a una industria se le dice que no exceda un cierto límite de producción o que no aumente su equipo; cuando a otra [2] se le impide vender más bajo (o más alto) de un precio determinado.

Es en particular la planeación en este sentido la que implica toda reorganización de la sociedad según lineamientos socialistas. Hayek nunca intenta negar hay tipos de planeación central necesaria, por ejemplo, campos incuestionables, como la lucha contra las enfermedades contagiosas [la salud?], en los que el mecanismo de precios no es aplicable, sea porque a algunos servicios no puede ponérseles precio, o por que un objeto evidente [¿el agua o un camino por ejemplo?], deseado por una mayoría abrumadora, sólo puede alcanzarse si se coerciona a una pequeña minoría opuesta [¿opuesta a qué?].

Pero, el problema que se analiza no es si el sistema de precios debe suplementarse o si debe encontrársele un sustituto cuando la naturaleza del caso lo haga inaplicable, sino si debe suplantársele cuando las condiciones para su funcionamiento existen o pueden ser creadas. La cuestión es si podemos conseguir algo mejor por la colaboración espontánea del mercado, y no si han de proporcionarse en alguna otra forma servicios necesarios que no pueden ser objeto de un precio y que, por lo tanto, no podrán obtenerse en el mercado [¿cuáles por ejemplo?].

VI. El aspecto racional (concebible) de lo irracional (inmensurable).

La creencia (doxa, dogma, en algún sentido técnico) a desvelar, aunque muy difícil de demostrar, es cómo una creencia se debe, en gran parte, a la intromisión en la discusión de los problemas sociales, de las preconcepciones del científico puro y del ingeniero, que han dominado la perspectiva del hombre educado durante los cien años últimos. Para una generación educada en este pensamiento es inconcebible, cualquier sugestión de que un orden y una reacción intencionada puedan existir sin deberes a la acción consciente de una mente directriz, era en sí misma "un desecho medieval", un retazo de teología ridícula que todas las conclusiones basadas en tales argumentos viciaban y desacreditaban. Sin embargo, puede demostrarse de una manera que nunca ha contradicho quien haya entendido el problema, que la colaboración inconsciente de los individuos en el mercado conduce a la solución de problemas que, aun cuando ninguna mente individual haya formulado jamás estos problemas en una economía de mercado, tendrían que ser resueltos de manera consciente por el mismo principio en un sistema planeado.

Dentro del sistema de precios la solución de estos problemas es impersonal y social en el sentido estricto del término; por eso, apenas si podemos indicar de paso el curioso salto intelectual por el cual muchos pensadores, después de ensalzar la sociedad en su conjunto como infinitamente superior e insistir que en cierto sentido es algo más que una mera colección de individuos, todos concluyen pidiendo que no debe dejársela guiar por sus propias fuerzas sociales impersonales, sino que debe estar sujeta al control de una mente directriz, que es, por supuesto, en último análisis, la mente de un [fatal] individuo.

¿Cómo demostrar por qué esta creencia en la mayor eficiencia de una economía planeada no puede defenderse con razones económicas? Sólo con un método, el evolucionista, sin embargo Hayek no había madurado esta idea para el estudio de las instituciones, tendría que profundizar más en la obra de Menger para dar una respuesta a tan difícil pregunta.

VII. Mayéutica hayekiana

Debido a que la decisión última a favor o en contra del socialismo no puede descansar en un terreno puramente económico, sino que pertenece a la esfera moral, genera un conflicto de opinión sobre ideales distintos al mero bienestar; estos ideales en conflicto viven todavía juntos en los pechos de mucha gente sin que ellas se enteren del mismo, tal es la mayéutica hayekiana: dolerá hasta más no poder abortar tales ideas y dar a luz las nuevas.

Si el relativo bienestar de gente diferente debe hacerse conformar con algún orden preconcebido, y que una distribución de rentas que corresponda a alguna concepción absoluta de los méritos de gente diferente sólo puede alcanzarse por la planeación. Es indudable que la desigualdad se tolera con más facilidad si se debe a accidente, o por lo menos a fuerzas impersonales, que cuando se debe a designio arbitrario y deliberado. Es más, la gente se someterá al infortunio que puede herir a cualquiera, pero no con tanta facilidad al sufrimiento que es el resultado de la decisión arbitraria de la autoridad. La justicia se mira como inmerecido. Pero mientras haya un resto de mercado libre, cada cambio individual será en detrimento de algunos, aun cuando el resultado del progreso beneficie a todos al final. Por lo tanto, no hay progreso en el que quien participa en las formas aceptadas para hacer las cosas no tenga interés en detener.

Por lo tanto, la gran ventaja del sistema de competencia está exactamente en el hecho de ofrecer un premio a la previsión y a la adaptabilidad y en el hecho de que uno tiene que pagar por él si desea permanecer en una ocupación que ha llegado a ser menos necesaria.

Cualquier intento de indemnizar a la gente por las consecuencias de cambios que no han sido previstos por ellos, hace ineficaces las fuerzas del mercado y necesario poner la dirección central en el lugar de ellas.


VIII. Las dificultades del planeador: la imposibilidad omnisciente.

Salvando la planeación (las apariencias decía Sócrates) por medio de un rígido código completo de valores, uniforme para todos. Imposibilidad de consenso.

La deseabilidad de la planeación en general, sus acuerdos acerca de los fines a los que servirá la planeación tendrán necesariamente que ser reducidos a alguna fórmula general como el "bienestar social", el "interés general", el bien común, mayor igualdad o justicia, etc..." Esta implica siempre el sacrifico de unos fines en favor de otros

El tipo de cuestiones específicas que la autoridad planeadora ha de decidir. No sólo tiene que decidir entre, digamos, luz eléctrica para el campesino o baños para el trabajador industrial urbano, sino también de decidir, dar la preferencia a la petición de los campesinos, debe saber si es urgentemente necesario un médico o un profesor; sino que deberá saber cómo escoger. La decisiones a este nivel solo pueden ser arbitrarias, al tomar una decisión debe dar preferencia, distinciones de valor o mérito, una escala cabal de valores. El acuerdo exige, por lo tanto, mucho más que el acuerdo sobre alguna regla ética general escala completa, la justicia distributiva, de hecho presupone la existencia de algo que no existe y que nunca ha existido: un código moral completo en el cual los valores relativos de todos los fines humanos, asignado un lugar definido. Pero ninguna mente sola es lo bastante comprensiva para formarse siquiera una concepción individual de una escala comprensiva de miras y deseos humanos. Tal código completo, que lo requeriría una economía completamente dirigida, tendría que decidir, en efecto, cómo debería hacerse cada acción humana, ¿es eso posible?

Cualquier decisión implica entonces la elección directa y consciente entre la satisfacción de necesidades particulares de un grupo y las de otro. Si la acción fuera a depender del acuerdo de una mayoría numérica, ninguna acción podría ejecutarse.


Al final, el acuerdo de que la planeación es necesaria, al par que la inhabilidad de las asambleas democráticas para concordar un plan determinado, debe reforzar la demanda de que al gobierno, o a un solo individuo, se le deben dar poderes para actuar bajo su propia responsabilidad.

IX. Corrupción de la democracia

El director responsable de los asuntos debe libertarse de las trabas de los procedimientos democráticos. El gobierno democrático se debe a que sobre la democracia han caído tareas para las cuales no está preparada. Y mientras más se extienda la esfera de acción del gobierno, la probabilidad de acuerdo de una porción importante de la población sobre un método particular de acción decrece a medida que la esfera de actividad del estado se dilata.

Entonces, ¿cuál debe ser la verdadera función de un gobierno democrático?

Hayek invoca el credo liberal, para el cual es sumamente importante reducir la necesidad de acuerdo a un mínimo compatible con la diversidad de opiniones individuales que existirían en una sociedad libre, por tal razón, si la democracia tuviera que abdicar su control sobre la vida económica, aun pudiera mirarse esto como un mal menor comparado con las ventajas que se esperan de la planeación. Ahora bien, si la planeación tiene que ser democracia efectiva, Hayek dice que habrá que echarla por la borda. Es, sin embargo, una falacia fatal creer que el gobierno autoritario puede limitarse a asuntos económicos, haciendo creer al pueblo que el código de valores particular y detallado que dicho gobierno, es el justo. El dictador descubrirá desde un principio que si quiere realizar el deseo del pueblo, tendrá que decirles lo que éste debe desear. Sin embargo, lo que no dice el gobernante es que la planeación se convierte necesariamente en planeación a favor de unos y en contra de otros.

Por lo tanto, la conformidad con las ideas guías (el credo del gobernante) necesita de la creación e imposición del credo común y de la creencia en la sabiduría suprema del gobernante se convierte en un instrumento indispensable para el éxito del sistema planeado. Cada parte del plan,, deben volverse sacrosantas y estar exentas de toda crítica.

X. Recuperando la opinión pública.

Sólo por la fuerza es posible suprimir la expresión pública de la crítica. Sin embargo, las dudas que nunca se manifiestan y la vacilación que nunca se expresa tienen efectos igualmente insidiosos, aún existiendo sólo en la mente de la gente, en forma de resistencia: el gobernante le tiene miedo y a veces subestima el silencio disidente.

En un análisis que raya el freudismo, del padre normativo y represor del hijo, Hayek afirma contundentemente que la planeación lleva a la dictadura porque la dictadura es el instrumento más efectivo de coerción y compulsión de ideales. Pero si, el argumento prosigue, los ideales y los gustos de la gran mayoría los determinaran factores que están bajo el control humano, podemos usar este poder para cambiar sus pensamientos hacia un sentido que juzgamos deseable.

Ello se debe al hecho de que la gran mayoría no ha aprendido a pensar con independencia, sino que acepta ideas ya hechas. En toda sociedad la libertad de pensamiento tendrá una significación directa o un sentido real sólo para una pequeña minoría. La razón humana, que descansa en la sociedad, es un fenómeno o proceso social que consiste en la interacción de los individuos que poseen diferente información y diferentes perspectivas.


XI. El trigo y la cizaña: ¿cómo corregir el equívoco?


Si el experimento de la planeación lleva a la desaparición de las instituciones libres, no habrá entonces oportunidad, para la corrección de esa equivocación. Una vez que el único método de cambio pacífico inventado hasta aquí, la democracia, (esa admirable convención de "contar cabezas con el fin de ahorrarse la molestia de romperlas"), se haya acabado, se cierra el camino para una corrección pacífica de un error; habría necesidad de hacer uso de de los cañones y del terror institucional, lo cual resultaría algo irónico. Una guerra de ideologías puede significar la destrucción de todo lo que para nosotros representa la grandeza de la humanidad: su civilización.